domingo, 13 de febrero de 2011


No era tanto desprecio o superioridad sino una distraída indiferencia.

No tenía amantes, sino excusas. Excusas para ir a un restaurante, excusas con quien ir a la ópera, excusas para estrenar un vestido o utilizar un salto de cama. El "quién" era poco importante, era menos que un complemento, y, como tal, el único requisito real es que fuese a juego con su ropa y con la ocasión.

Tenía, sin embargo, la curiosa capacidad de parecer enamorada cuano se llevaba a alguien a la cama. Actuaba con tal mimo, con tanta delicadeza y entrega, que conseguía crear la farsa de una burbuja de pasión abandonada. Parecía que abriese las puertas a un paraíso terrenal, donde no solo el placer, sino la fusión de las almas era posible. Y aunque no era una pantomima a conciencia, cuando a la mañana siguiente el desgraciado abría los ojos, envuelto en sus brazos de seda, que le habían arropado toda la noche como la más devota de las amantes, ella le dejaba cuidadosamente en la cama, se ponía su bata de seda negra y le preparaba un desayuno exquisito antes de pedirle educadamente que se marchase, y pagarle un taxi.

No es que fuera retorcida, ni especialmente sádica. Simplemente tenía una educación modélica y le gustaba hacer las cosas bien. Buscar la perfección en cada plano.

Si ellos se confundían, era otro cantar.

La gata negra

2 comentarios:

  1. me encanta esta historia!! La capacidad de ser cruel sin proponérselo, la idea de utilizar a otro como un complemento, destrozarlo por un profundo sentido de la educación o de la belleza. Perfecto

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  2. ¡Qué buen texto! De veras, me ha parecido increíblemente bien expuesto. El final me ha hecho sonreír. Conozco (O he conocido) a varias de esas almas que se equivocaron y sufrieron por ello.
    Plantearlo como un error ajeno, no propio (De ella en éste caso) me parece brillante.
    Maravilloso. Y la foto... ya sabes lo que pienso.

    Aplausos.

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