sábado, 20 de agosto de 2011



"¿Cómo pudiste amar a tantos hombres en tan poco tiempo?"
"Por que jamás ha sido cuestión de tiempo, sino de intensidad."

La gata negra

martes, 2 de agosto de 2011





A:
No sé, yo lo veo muy complicado, ¿No? Casi un imposible.
B: No hay nada imposible excepto la muerte, y a veces, ni eso.
A: Bueno, pero ese hombre no deja de ser todo un reto, no me lo vas a negar.
B: Sí, en eso estoy completamente de acuerdo.
A: No sé, yo y los retos no nos llevamos bien.
B: Pues, ¿Sabes que hago yo cuando se me presenta un reto? Divertirme.

La gata negra

lunes, 9 de mayo de 2011


El amor es la senda del dolor... Si el sexo es la expresión máxima del amor físico... ¿Que otra senda puede ser en él?

Si Romeo hubiera tenido una Julieta como yo... Hubiera terminado por tomarse él el veneno...

La gata negra

sábado, 5 de marzo de 2011




Tras la primera reacción de confusión y molestia cuando él la rechazó, declinando su propuesta de pasar un par de días con ella a solas en un apartamento en la costa aduciendo que le parecía demasiado pronto, resolvió el semblante y sembró una sonrisa tranquila nuevamente como si nada hubiera sucedido.

Al fin y al cabo, era más productivo utilizar el tiempo y las energías en buscar otro acompañante.

La gata negra

sábado, 19 de febrero de 2011


Radiotransmitiendo desde detrás de La gata negra.

Me he presentado a un concurso de relatos vía facebook. Está colgado en esta dirección:

http://apps.facebook.com/appsimtec/relato/340

Me harías un favor enoooorme si por favor votaseis (si os gusta, claro está) y lo difundieseis a vuestros amigos y conocidos. Para ello antes hay que darle a me gusta en la página del grupo.

Os agradezco el tiempo y el interés, de veras.

Muchas gracias,

La gata negra

domingo, 13 de febrero de 2011


No era tanto desprecio o superioridad sino una distraída indiferencia.

No tenía amantes, sino excusas. Excusas para ir a un restaurante, excusas con quien ir a la ópera, excusas para estrenar un vestido o utilizar un salto de cama. El "quién" era poco importante, era menos que un complemento, y, como tal, el único requisito real es que fuese a juego con su ropa y con la ocasión.

Tenía, sin embargo, la curiosa capacidad de parecer enamorada cuano se llevaba a alguien a la cama. Actuaba con tal mimo, con tanta delicadeza y entrega, que conseguía crear la farsa de una burbuja de pasión abandonada. Parecía que abriese las puertas a un paraíso terrenal, donde no solo el placer, sino la fusión de las almas era posible. Y aunque no era una pantomima a conciencia, cuando a la mañana siguiente el desgraciado abría los ojos, envuelto en sus brazos de seda, que le habían arropado toda la noche como la más devota de las amantes, ella le dejaba cuidadosamente en la cama, se ponía su bata de seda negra y le preparaba un desayuno exquisito antes de pedirle educadamente que se marchase, y pagarle un taxi.

No es que fuera retorcida, ni especialmente sádica. Simplemente tenía una educación modélica y le gustaba hacer las cosas bien. Buscar la perfección en cada plano.

Si ellos se confundían, era otro cantar.

La gata negra