martes, 29 de septiembre de 2009

Small talk




A:
No sé que peluche llevarme a nuestro piso.
B:
¿De verdad vas a llevarte uno?
A:
Sí, ¿Y si tengo miedo alguna noche? Yo soy muy inocente, allí en el fondo, donde no llega la luz.
B:
¿No prefieres apretarme entre tus brazos? Soy blandita.
A:
No te gusta compartir cuarto. Y yo prefiero dormir ancha y tranquila.
B:
Cierto. Yo puedo dormir con alguien, pero cuando estoy dibujando o con el ordenador o escribiendo/leyendo, prefiero estar sola.
A:
Y a mí solo me gusta apretar a un hombre en la cama. Y bueno, cuando era más joven y tierna si estaba deprimida a mi madre.
B:
Pues ahora yo sustituyo a tu madre. En abrazos no en mandato. Ya sabes lo mal q se me da ordenar.

A:
Claro, la dominatriz soy yo. Bien, si estoy deprimida me meteré en tu cama. Pero para consuelo emocional, no sexual.
B:
Pero si es lo mismo, ¿no?

domingo, 27 de septiembre de 2009


Lo realmente importante para hacer un streaptease es no es la técnica, sino la confianza en uno mismo. Si tú no te sientes a gusto con tu cuerpo no podrás sentirte sexy delante de los ojos de nadie, y mucho menos mostrarte como tal. Tienes que sentirte como un objeto de deseo para poder transmitir esa sensación de control de la situación, de dominio sobre tu cuerpo, de completa seguridad en ti misma. Lo demás, sale rodado, solo es cuestión de sentir la música.

Al final, lo realmente jodido, es elegir la canción.

La gata negra

jueves, 24 de septiembre de 2009





“Empiezo a plantearme que los únicos hombres que merecen la pena son los gays. Me haré pasar por transexual en el ambiente a ver si ligo.” Dijo, pidiendo otra cerveza. Yo me pedí otra copa de vino. “Van a pedirme el número de teléfono del cirujano, ¡Hasta me baja la regla!”

*Inspirado en hechos reales*

martes, 22 de septiembre de 2009




Era una de las pocas (poquísimas) veces que estuve enamorada.


Habíamos estado corriendo bajo la lluvia durante más de media hora. La tormenta nos cogió de vuelta a mi apartamento, hasta un par de minutos antes el cielo estaba despejado. No hacía calor, pero tampoco parecía que fuera a sorprender la lluvia.


En realidad yo había propuesto en un principio quedarnos debajo de un balcón, en un portal, para esperar a que parase la descarga de agua. Era algo exagerado, parecía que alguien hubiera abierto los grifos allí arriba. Me recordaba a los niños sádicos que jugaban a ahogar a las hormigas con una regadera o con un cubo de agua. Él dijo que era una pena, porque era un día perfecto para mojarse con la lluvia: No hacía frío, ni viento, ni sitios a los que no se pudiera acudir empapados esperando al final de la tarde. Así que me lo quedé mirando por el rabillo del ojo antes de salir corriendo debajo del aguacero hacia casa. Tras un par de segundos de estupor salió corriendo detrás de mí.


Llegamos al portal de mi edificio chorreando agua desde el pelo hasta los zapatos, y justo cuando puse la llave en el pomo empezó a arreciar la tormenta. Cómo no. Murphy. Subimos los dos pisos sin ascensor dejando un rastro de agua por la escalera y nos cruzamos con un matrimonio de jubilados que se nos quedó mirando algo preocupados.


"Quitaos enseguida esa ropa mojada, o vais a coger una pulmonía, chiquillos."

"No se preocupe, señora, que ahora mismo nos quitamos toda la ropa."


Claro, que nadie dijo que nos volviésemos a poner ropa seca luego. Al menos durante unas horas.

viernes, 11 de septiembre de 2009





"Son unas botas preciosas." Dijo él mientras ella apagaba la música que había utilizado y ponía otra cosa.


Ella se volvió a sonreírle con malicia en las pupilas.


"Las botas no son para tanto, lo que pasan es que destacan mucho cuando son lo único que llevo puesto."


"Ha sido divertido."


"No, cielo, la diversión, empieza ahora."