jueves, 13 de agosto de 2009










El latido resonaba por toda la sala, en cada rincón, reflejándose como en un espejo y reverberando en todas las paredes. Era como el tic-tac de un reloj, solo que desesperado, impaciente. Ella caminó desde el balcón, con andares felinos, hasta el centro de la sala, dejándole allí, sentado en la baranda, observando el balanceo de sus caderas, como un vaivén suave de un velero en el medio de un océano en calma. Ella se detuvo y se volvió para mirarle, a través de las cortinas que el viento zarandeaba sin cuidado. Él la siguió dentro. El sonido allí era más difícil de ignorar. Sobre la repisa de la chimenea, el corazón golpeaba furioso contra las paredes del cofre de jade. Un tambor acompasado. Inclemente. Amenazaba con romper las paredes. Él podía visualizarlo allí dentro, suicidándose lentamente contra los barrotes de su jaula de oro. Se dejó caer pesadamente en el sofá de terciopelo rojo de ella, mirando de soslayo todavía el cofre de jade donde seguí martilleando el corazón de ella.

“¿Porqué te lo arrancaste?”
“Cuando… Cuando vendí mi alma por él, y luego me traicionó.” Ella se acercó a él, y, por un momento pudo verla como lo que era, un niña rota. Desdémona se arrodilló ante él, dejando la mejilla sobre su regazo, él le acarició el cabello de rizos azabache, pasándole los dedos entre los rizos. “Cuando me abandonó. Cuando rompió todo aquello que nos unía, todo lo que sostenía mi vida. Cuando perdí el alma en un juego donde aposté demasiado…” ella cerró el puño, clavando las uñas en la pierna de él. “Me perdí a mi misma. Me dolía tanto… A cada paso moría un poco, un pedazo de corazón se desintegraba en la nada y era como si mil garras me arrancasen poco a poco las entrañas, para dejar un agujero que solo podía rellenar de más y más soledad.” Ella se incorporó, mirándole con los ojos cristalizados pero sin lágrimas. Se levantó alejándose de él hacia la chimenea. “Por eso me lo arranqué del pecho…” sonrió amarga. “Para no poder volver a enamorarme, para no volver a apostar nada…” y paseó los dedos por encima del cofre de Jade. El corazón se rebotó, latiendo con más fuerza. “Porque la mujer perfecta no tiene ni corazón ni alma.”

La gata negra

2 comentarios:

  1. Demasiadas veces vista desde puntos poco variados. Siempre acabo revolviendo baúles que me llevan al mismo camino. En fin, mes amies. No me vendría mal alguien con quien ver romper las olas en la escollera, ¿Te apuntas?

    ResponderEliminar