viernes, 19 de junio de 2009




"¿No te gustan los collares?"
"No es que no me gusten, cielo." dijo ella, observando colgar entre sus dedos el colgante de oro con una lágrima de diamante balanceándose en el aire. "Pero nunca me ha gustado eclipsar lo realmente importante. Y las joyas, los avalorios y toda esa parafernalia, son cosas que utiliza la gente para atraer la atención cuando no puede por sí misma. Sobretodo, los collares son uno de los complementos que más distraen de destacar un punto elemental."
"No acabo de comprenderte."

Ella se llevó el dedo ínidice sobre la línia del óvalo del rostro, y deslizo la uña lacada en negro por la larga curva que dibujaba su cuello, dejando un surco pálido a la presión que se deshacía como crema al mezclarse con el licor oscuro de su piel bronceada. Fue a morir un poco por debajo de su clavícula, haciendo circulitos con el dedo sobre la cremosidad de la piel que ya empezaba a sugerir la forma de sus senos en aquel escote imperio.

"¿Me comprendes?"

Él tragó saliva, y no pudo más que darle la razón.

La gata negra

1 comentario:

  1. Piel, veo piel, sólo veo piel. He seguido ese dedo absolutamente hipnotizada. Yo también estoy de acuerdo con ella.

    ResponderEliminar